martes, 5 de enero de 2016

Fisioterapia respiratoria: eficaz y sin efectos secundarios

Llevamos un tiempo escuchando continuamente nombres de fármacos como el “ventolín”, la “fluidasa”, y otros tantos que hace una década ni siquiera nos sonaban.  Además, actualmente una de las patologías que más solemos escuchar en el día a día  (especialmente entre los papás de peques de menos de un año), es aquello de “bronquiolitits”. También nos hemos habituado a oír frases como “pues los moquetes ya han bajado y ahora se le han bajado al pecho”.  Pero cuando es en primera persona, y sobre todo a continuación de recibir este diagnóstico vamos a la farmacia a comprar todo aquello que parezca que le pueda aliviar los síntomas, añadiendo a la “lista de la compra” en la farmacia más medicamentos por si “se pone mejor así”.


Pero, ¿nos hemos parado a pensar qué consecuencias tienen todos estos fármacos para mi bebé/niño/niña? 

Pues bien, lo que nos está ocurriendo (y lo que aún está por venir), es que el abuso de todos estos medicamentos (fuera por supuesto de la prescripción médica) genera una dependencia importante en el organismo de nuestros niños y lo que es aún peor, pueden producir numerosos efectos secundarios como la ansiedad o el nerviosismo, el insomnio, los problemas digestivos, etc.
Si nos paramos a pensar la cantidad de medicamentos que actualmente utilizamos y nos parásemos a leer el prospecto de cada uno de ellos, seguramente nos asustaríamos. Sin embargo, a día de hoy se escuchan frases como “si le da un poco de tos le doy ventolín”., y otras como “yo en cuanto veo que empieza a hacer ese sonido le doy ventolín”. Y ante esto se me ocurre consultar, ¿y si se le escapa algún estornudo qué le das?

Pero que no cunda el pánico porque hay otras soluciones. Los medicamentos son muy necesarios cuando un facultativo (ya sea un pediatra o  especialista como el caso del neumólogo infantil) los ha recomendado, pero por automedicación, y sobre todo con los más pequeños, es más arriesgado. Hoy en día conocemos que los efectos secundarios de cualquier fármaco se ven soberanamente agravados cuando se trata de una aplicación “en pequeña escala”, o sea a nuestros niños, lo que nos lleva a pensar que es mejor evitar su abuso y hacer  un buen uso.

Lamentablemente son pocos los especialistas de la medicina los que recomiendan la aplicación de otros tratamientos coadyuvantes (que no incompatibles) para procesos patológicos como la bronquilotis, la bronquitis o el propio catarro común. La fisioterapia es uno de ellos. La fisioterapia respiratoria (o bronquial) es un elemento clave que además no tiene efectos secundarios ya que lo único en lo que puede derivar es en la aparición de exceso de secreción mucosa en las heces (“moquetes en las caquillas” para los amigos) o la activación del reflejo nauseoso acompañado de secreción bronquial (lo que viene siendo un vómito de “moquetes”).

Desafortunadamente esta terapia en el último tiempo se ha convertido en ami-enemiga  de muchos papás y mamás, acaparando seguidores y fieles defensores pero también recopilando enemigos a ultranza que difaman su aplicación ante cualquier tedioso motivo.

Pero permitidme el lujo de hablar francamente de un tema que claramente por mi profesión y mi trayectoria (he perdido la cuenta de los litros de “moquetes” que he ayudado a expulsar”) me siento en el derecho y/o en el deber de opinar: NO ES UNA TERAPIA AGRESIVA, pero sí puede parecer invasiva. Y esto es únicamente por el hecho de tener que inmovilizar al peque (al igual que hacemos al ponerle las vacunas, hacerle un análisis, tomarle las constantes, etc) y también porque uno de las técnicas conlleva literalmente “sacar los moquetes”  introduciendo nuestro dedo en la cavidad oral para poder facilitarle su expulsión. Entiendo que no resulte muy agradable observarlo pero me encuentro frecuentemente con papás y mamás que acuden a las sesiones y prefieren esperar fuera (muy razonable) porque saben que al salir la liberación que habrán sentido esos pequeñajos será tan grande que esa noche podrán dormir plácidamente.

Por supuesto, es importante indicar que no es magia ni tampoco la panacea, sólo otro tratamiento para prevenir o curar problemas respiratorios que van desde el simple catarro hasta la bronquiolitis más rimbombante que encontremos, neumonías y otros procesos que cursen o bien, con síntomas de dificultad respiratoria o bien con exceso de secreción.

Hago hincapié en que no se trata de la única alternativa pero sí es bueno tenerla en cuenta porque en numerosas ocasiones nos puede evitar ingresos hospitalarios, visitas a media noche y casi en pijama al hospital, o tardes interminables en la sala de espera del pediatra. Y claro, como cualquier sesión de tratamiento (todos hemos pasado por el “fisio” alguna vez..) a veces es necesario repetir pero sabiendo que el resultado incluso desde la primera visita, ya es cuantificable y observable.

Por todos estos motivos, os invito a darle una oportunidad (si aún no la conocéis) a la fisioterapia respiratoria y aprovechar que aunque no llegásemos a observar grandes avances por cualesquiera que sean los motivos, siempre tendremos la seguridad que, como bien dicen muchos, “daño no le va a hacer”.

Adriana Pastor 
Fisioterapeuta pediátrico nº col. 8853
Servicio de fisioterapia Cero6